LA DISRITMIA PARAGUAYA

05.04.2010 18:37

Le Monde diplomatique | el Dipló Nº 130 | abril 2010

 

A dos años de la elección presidencial de Fernando Lugo

 

La disritmia paraguaya

 

 

por Andrés Criscaut, enviado especial*

 

  andrescriscaut@yahoo.com

 

El pasado 3 de febrero la democracia paraguaya cumplió su mayoría de edad al celebrarse los 21 años de la caída de la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989). Sin embargo, el acto organizado en la sala bicameral del Congreso para conmemorar esa fecha estuvo marcado por la baja concurrencia: no más de 50 personas asistieron al debate titulado “¿Qué queda de la dictadura, y cómo superar su legado?”. Responder a este interrogante es el gran desafío de la administración de Fernando Lugo, ex obispo, seguidor de la teología de la liberación, cuya victoria en los comicios presidenciales de abril de 2008 generó expectativas difíciles de cumplir.

 

“Con un ritmo lento y cansino de letargo y aislamiento, Paraguay ocupa en América Latina más o menos el mismo lugar que el de hace cien años.” Así sintetiza el investigador y escritor Alfredo Boccia Paz la actualidad de su país, aunque aclara que “en las últimas dos décadas, desde la caída de la dictadura de Stroessner en 1989 y de esa supuesta ‘transición democrática’, han ocurrido y hemos descubierto más cosas que nunca”.

En 2011, cuando los paraguayos festejen el bicentenario de una independencia inusualmente poco cruenta, que derivó –al menos en su inicio– en uno de los países más estables de América Latina, también estarán recordando la impronta autoritaria que signó gran parte de su historia, y que quizás recién haya comenzado a disolverse realmente hace dos años, con la victoria del ex obispo Fernando Lugo en las elecciones presidenciales. Ya que si se suman los gobiernos de Gaspar Rodríguez de Francia (1816-1840), Carlos Antonio López (1844-1862), su hijo Francisco Solano López (1862-1869), y Alfredo Stroessner (1954-1989), casi la mitad de la vida independiente paraguaya estuvo marcada por ese gran espectro, tan bien amalgamado por Augusto Roa Bastos en su libro Yo el Supremo (1), de déspotas ilustrados, patriarcas, caudillos, patrones y dictadores.

A contrapelo de la mayoría de los países en la región, Paraguay tuvo una evolución y un desarrollo que lo llevó muy tempranamente a una estabilidad administrativa y a una pronunciada identificación nacional, pero también a un tardío proceso de apertura democrática y participación cívica masiva. Ante cuatro paredes tapizadas de libros de su estudio en las afueras de Asunción, la socióloga Milda Rivarola explica que “este país, en donde se dan tiempos históricos muy lentos y particulares, tuvo un desarrollo muy precoz de dictaduras totalitarias que dejaron actualmente una sociedad disgregada y apática, parecida a la de los países de la ex Cortina de Hierro. En tal sentido, como dijo mi colega Francisco Delich, ‘Paraguay es el cementerio de todas las teorías socio políticas’, si no ¿cómo entender que con tanta pobreza no exista una marcada presencia de movimientos de izquierda o una fuerte tradición revolucionaria?”.

 

Sobre la tectónica imperial

 

Ya desde la fundación de Asunción en 1537, centro neurálgico y “Madre de Ciudades” de la que partirían varias de las corrientes que poblaron la región virreinal, pueden rastrearse ciertos factores estructurales que aún hoy persisten: aislamiento, unidad identitaria, concentración de poder, carencia de movilidad social y de renovación de los actores políticos. Con la independencia, de marcada oposición a la revolución de Buenos Aires de mayo de 1810, ya comenzaba a hablarse de una identidad “paraguaya” por sobre la americana.

Pero la “insularidad” mediterránea de Paraguay –Roa Bastos afirmaba que era “una isla rodeada de tierra”– se encuentra inmersa en un mar geoestratégico de sólidas tensiones y dinamismos. Tanto Asunción como Montevideo formaban parte de una estrategia colonial española de contención del imperio portugués en América, un equilibrio de poder que luego se traduciría en una rivalidad brasileño-argentina por definir áreas de influencias y “espacios vitales”. Dentro de este “Gran Juego” rioplatense, tanto Uruguay como Paraguay tuvieron un cierto rol de buffers o amortiguadores de ambas ambiciones: las ahora utopías federalistas de José Gervasio Artigas o de José Fructuoso Rivera fueron en su momento muy reales y pretendían formar un “Gran Uruguay” con Paraguay; la Mesopotamia argentina y los farrapos secesionistas de Río Grande del Sur y su República de Piratini (2).

Esa línea de fractura social, política, cultural e idiomática no sólo ha moldeado a Paraguay, sino que lo ha condenado. La Guerra de la Triple Alianza (“Guerra Grande” o de la “Triple Infamia” vista desde el lado paraguayo) mantenida por Brasil, Uruguay y Argentina contra el Paraguay de Solano López entre 1865 y 1870, más allá de las exageraciones y apologías posteriores (3), no sólo dejó exhausta y aniquilada a la sociedad paraguaya (4) sino que marcó hasta el día de hoy su sesgo político. Tras el retiro de las tropas invasoras aliadas, se conformaron los dos partidos que dominarían en forma casi exclusiva el reducido espectro gubernamental: el Partido Liberal (actual Partido Liberal Radical Auténtico, PLRA), volcado más hacia Buenos Aires, y el Partido Colorado (Asociación Nacional Republicana, ANR) con marcadas influencias pro brasileñas (5).

Ambas tendencias acompañaron las fluctuaciones de gobiernos inestables y endebles, con una marcada preeminencia a orientar tanto la política como la economía a la zona del Río de la Plata (en gran medida el comercio paraguayo entraba y salía por la cuenca del Plata dominada por Buenos Aires) hasta que una nueva guerra volvió a cambiar el eje gravitatorio del país. La confrontación entre Paraguay y Bolivia de 1932-1935 por las supuestas reservas de petróleo del Chaco boreal (la Standard Oil, actual Exxon, del lado boliviano y con apoyo de Brasil, contra la Shell de Paraguay y con intereses argentinos) fue la más cruenta y moderna de toda Sudamérica. Este conflicto, conocido como Guerra del Chaco, galvanizó las tendencias nacionalistas y militaristas de la época y desencadenó en 1936 la Revolución Febrerista paraguaya, que nucleó elementos totalitarios, tanto marxistas como filonazis, e inauguró un período militarista de golpes de Estado, agitaciones y contragolpes que desembocarían en otra feroz guerra civil en 1947-48, con un cuantioso saldo de exiliados políticos hacia Argentina, y con un cálculo estimado de miles de muertos (algunos hablan de 30.000). El Partido Colorado tomaría desde ese momento el control de un país ya exhausto y “depurado” de cualquier tipo de oposición y cuestionamientos; y gobernaría de manera hegemónica durante más de medio siglo imprimiendo su manera de concebir y de hacer política sobre un Estado desmantelado y un tejido social desgarrado y maleable.

 

Un Partido, un Estado

 

Al recibir al Dipló en la residencia presidencial Mburuvicha Roga (“la casa del que manda” en guaraní), el presidente Fernando Lugo cuenta que “durante la V Cumbre de América Latina, el Caribe y la Unión Europea que se realizó en Lima en mayo de 2008, cuando le comenté a mi par español, José Luis Rodríguez Zapatero, que nuestra presión fiscal no llega al 12%, éste exclamó: ‘¡Entonces, el Estado que vas a gobernar no existe!’” (6).

Recién ahora ese Estado (con sus dimensiones reducidas y su prebendataria forma de gobernar) dejó de ser sinónimo de Partido Colorado. La dictadura de Stroessner iniciada en 1954 fue una versión militarizada del mismo; de hecho, no sólo el partido sobrevivió casi intacto al régimen, sino que el dictador –desplazado y obligado a exiliarse en Brasil en 1989– moriría en 2006 siendo presidente honorario de la ANR. “Cuando luego de treinta y cuatro años Stroessner fue sorpresivamente desplazado por los mismos militares, comenzó realmente una apertura democrática, pero a los paraguayos nos tomó otros veinte años más lograr una maduración cívica. Recién en 2008, con Lugo, logramos lo que en otras sociedades democráticas es algo inevitable: el cambio de partido y la alternancia política”, afirma José Carlos Rodríguez, sociólogo e investigador de la Comisión Verdad y Justicia (CVJ) que inventarió recientemente los crímenes del stronismo.

Lugo representa entonces la primera y tibia ventana de oportunidad para sincronizar las cadencias de los tiempos políticos paraguayos con la realidad suramericana. Al asumir en agosto de 2008, su gobierno se planteó un doble desafío: desmantelar un sistema anquilosado que concibe la política como una cadena de lealtades incondicionales y favores arbitrarios, y montar una institucionalidad transparente centrada en la eficiencia y el desempeño. “No sabíamos exactamente cómo se manejaba por dentro ni teníamos la experiencia de la negociación, pero ahora gente nueva, profesional y responsable comienza a gerenciar la institución del Estado paraguayo, devolviéndole su rol de servicio, y no de coto partidario, que siempre debió tener”, aclara el Presidente. Así, tras la pesada herencia de uno de los más prolongados y estrictos regímenes totalitarios del mundo, la palabra “gobernabilidad” adquiere tintes de urgencia, casi hasta de desesperación.

Pero la dictadura no sólo llevó al paroxismo la fusión partido-Estado-Fuerzas Armadas (7), sino que también supo adaptarse a las circunstancias y a las presiones internacionales con una ficción democrática que contemplaba un Congreso, una oposición y unas rigurosas elecciones cada cinco años que le permitieron a Stroessner ser reelegido en forma ininterrumpida durante ocho mandatos. En 1989, en un contexto regional republicano fomentado por Estados Unidos, cuando el general Andrés Rodríguez desplazó a Stroessner (su consuegro y mano derecha, y poseedor de una inmensa fortuna derivada del narcotráfico, razón por la cual no se le permitía el ingreso a Estados Unidos), el partido no sólo sobrevivió a la dictadura, sino que demostró su poder de mímesis al posicionarse como el que restituyó la democracia.

Ese poder de adaptabilidad política y de laxitud ideológica se puso nuevamente en evidencia cuando la apertura exigió en 1992 una reforma constitucional. Aprobada con amplia mayoría colorada, la nueva Constitución resultó, sin embargo, en un juego de doble filo para la ANR. Bajo el influjo de exorcizar al Dictador, la misma sentó los lineamientos para dejar a la democracia “adentro” (un sistema electivo moderno y transparente), a los militares “afuera” (desarticuló profundamente su poder de injerencia) y al Presidente “abajo”, prohibiendo definitivamente la reelección presidencial e instaurando un Parlamento con un poder bastante inusual para un régimen presidencialista. En 2006, cuando el por entonces presidente Nicanor Duarte Frutos intentó modificar las leyes para un segundo mandato, y la cuestionada Corte Suprema –base de un sistema judicial que desde el stronismo se resiste al más mínimo cambio– lo habilitó como presidente de la ANR, se desataron todos los miedos, y una marcha de 10.000 personas –una multitud para los cánones paraguayos– encabezada por un casi desconocido Lugo, logró frenarlo, hasta desprestigiar y anticipar el fin del coloradismo y el comienzo de la alternancia.

 

La espada de Damocles

 

Gran parte de las trabas y frenos al gobierno de Lugo provienen de ese particular poder parlamentario, en el que sus aliados incondicionales no ocupan más de cinco bancas. Siguiendo en cierta medida la máxima de “el enemigo de mi enemigo es mi mejor amigo”, para alcanzar la victoria del 42% en los comicios presidenciales, Lugo tuvo que incluir en su Alianza Patriótica para el Cambio (APC) al Partido Liberal (inserto en el ejecutivo, como el vicepresidente Federico Franco, con quien mantiene unas relaciones tensas), quienes junto con los colorados ocupan la mayoría de las bancas del poder legislativo.

Ya desde las elecciones presidenciales –que en Paraguay son simultáneas a las legislativas– se vislumbraba que el Parlamento iba a ser “coloradamente” refractario y “liberalmente” dubitativo al ejecutivo, pero no que se convertiría en su “espada de Damocles”: “Los votos para hacerle juicio político a Lugo ya están, lo que se está esperando es una buena excusa”, señala el periodista y escritor Antonio Pecci. Esa excusa para un “golpe institucional” pareció darse el 15 de octubre de 2009, cuando el Ejército Paraguayo del Pueblo (EPP) (8) secuestró al conocido ganadero Fidel Zavala. Luego de tres meses de cautiverio, el 17 de enero pasado, Zavala apareció sano y salvo. Y aunque el ganadero no haya sido “rescatado” por el gobierno sino “liberado” por la gestión de su familia con los captores, el episodio visibilizó la fragilidad del nuevo gobierno y dos facetas cuestionables de su administración: los acuerdos de cooperación en temas de “seguridad-terrorismo” con el gobierno colombiano (que incomodan a los países vecinos de Paraguay, pero disipan asimismo la bruma mediática sobre la influencia “chavista”) y la tendencia creciente a encasillar en la vía militar conflictos derivados de condiciones sociales y agrarias muy relegadas.

Ante el accionar de grupos paramilitares relacionados con la constante expansión de la frontera agroganadera (“escuadrones de la muerte de los narcoganaderos”, según el sociólogo Tomás Palau), y las prácticas violentas de las misma fuerzas oficiales, el secuestro desencadenó la efectiva militarización del departamento norteño de Concepción (9) y la vinculación directa del EPP con los movimientos campesinos que trabajan en la mismas zonas (10). Estos factores, sumados a una asistencia social en aumento pero aún insuficiente, y a una reforma agraria que no termina de materializarse –ni siquiera existe un relevamiento del catastro de las tierras–, agudizan el descontento y la desilusión social.

“El EPP es ahora una excusa perfecta para desacreditar al gobierno, para desarticular todo el proceso de recuperación de tierras y de asistencia que se está haciendo en el norte, y mantener intactas las verdaderas organizaciones y redes criminales tradicionales del narcotráfico, el contrabando y la corrupción fiscal-policial –señala Juan Martens, de la Coordinadora de Derechos Humanos del Paraguay (Codehupy)–. Pero la respuesta de Lugo también es un acto suicida a nivel electoral porque está criminalizando y acelerando el proceso de desintegración organizativo de las bases campesinas que lo apoyaron, y que tanto trabajo costó realizar en estas zonas fronterizas de ausencia total del Estado.”

Por su parte Marielle Palau, del centro de investigación BASE Investigaciones Sociales, ahonda: “así como podría decirse que no hay Estado paraguayo en ciertas zonas, sí hay Estado brasileño en Paraguay. Hubo una política de apropiación de territorio paraguayo por parte de colonos brasileños muy agresiva a través de una frontera prácticamente permeada por Brasil, y actualmente el tema de la soja está fuertemente vinculado a capitales brasileños.” El periodista Rolando Ávalos señala incluso que “no existe soja paraguaya, existe soja en Paraguay.” La socióloga Rivarola profundiza aún más este problema al decir que “la mitad de Paraguay es ya casi un territorio transnacional de la globalización que está bajo influencia económica de Brasil. Pero esos enclaves nunca fueron realmente Paraguay, y Cargill y Monsanto ocuparon un espacio que estaba políticamente vacío” (11).

Esto se debe en parte a que Stroessner supo utilizar muy bien la rivalidad argentino-brasileña, y finalmente rotó la tradicional proyección hacia el Río de la Plata y vinculó a Asunción a la esfera de influencia de Brasilia. Los capitales y la colonización brasileña y sus actuales descendientes, conocidos como “brasiguayos” (12) tuvieron su mayor desarrollo bajo la dictadura, como parte de la reorientación y “satelización” atlántica del país hacia la voraz fuerza centrípeta de los 40 millones de habitantes del Estado de San Pablo.

Recién ahora los paraguayos están “perdiendo el miedo” y dejando de ser náufragos de ese progreso que se hizo a base de corrupción, evasión, desigualdad y asesinatos.

 

El deshielo tropical

 

Como señala el historiador de la Universidad de Tulane y reconocido especialista del “stronato” Paul H. Lewis (13): “Stroessner logró un grado excepcional de estabilidad (…) y de progreso material (…) y presidió dos decenios de crecimiento económico (…). En los años 60 el país registró una de las tasas de crecimiento más altas de América Latina (…) y adquirió una clase trabajadora urbana bastante grande, tanto industrial como administrativa, así como una clase media urbana mucho mayor. (…) De 1,3 millones de habitantes en 1950, la población creció hasta sobrepasar los 4 millones a finales de los años 80”. Pero quizás el mayor símbolo de aquellos tiempos de integración de la “internacional del terrorismo de Estado” no sea el Operativo Cóndor o los Archivos del Terror sino la mayor represa del mundo creada con Brasil, Itaipú (y en menor medida Yacyretá con Argentina), cuya hidroelectricidad es uno de los “recursos” que hacen de Paraguay el mayor exportador de hidroenergía del mundo (Paraguay utiliza sólo el 5% de su parte para cubrir el 95% de su consumo, y con el resto Brasil satisface el 23% de sus necesidades). “Recién ahora Itaipú, que tuvo el cemento más caro del mundo y creó ese estrato social de los nuevo ricos conocidos como los ‘barones de Itaipú’, está normalizándose y dejando de ser ese festival de dinero proselitista utilizado por los colorados para sus campañas. Como es un ente binacional, siempre tuvo algo de extraterritorial y de Estado dentro del Estado, y por el flujo de dinero que maneja es la ‘caja grande’ del gobierno y tiene incluso más importancia que cualquiera de los ministerios”, explica Alfredo Boccia resaltando uno de los mayores logros realizados hasta ahora por Lugo.

Los acuerdos alcanzados a la luz de la Doctrina de Seguridad Nacional por las dictaduras paraguaya, brasileña y argentina estipulaban que Paraguay no podía vender el excedente de su mitad energética a un tercer país, y hasta ahora éste fue comprado por Buenos Aires y Brasilia a un precio mucho más bajo que el del mercado internacional. “Insólitamente, exportando nueve veces la energía que importamos, Paraguay se empobrece en 600 millones de dólares, mientras su riqueza hidroeléctrica vale casi tanto como el 50% de su PIB”, explica el ingeniero Ricardo Canese, coordinador general de la Comisión de Entes Binacionales Hidroeléctricos. Con el nuevo acuerdo (aún sujeto a aprobación definitiva del Congreso brasileño y pendiente de los próximos vaivenes electorales del presidente Lula da Silva), Brasil pagará 15,3 dólares en vez de 5,1 por cada unidad energética (MWh). Gran parte del dinero de ambas represas –Itaipú y Yaciretá– está destinado al sector social como parte de los perjuicios que produjeron las inundaciones de los embalses, sin embargo el nuevo gobierno deberá negociar una vez más para que exista mayor control, administración y distribución parlamentaria sobre este enorme y vital presupuesto.

 

Poncho juruicha

 

En un país en el que se estima que hay un 40% de pobres y 20% de indigentes, Lugo compite con el clientelismo partidario tradicional. De ahí salieron en 2008 muchos de los votos que le dieron un 30% a la ANR, o que hicieron del coloradismo más duro y golpista del general Lino Oviedo la tercera fuerza con el 21%. Una fuerza que sigue reivindicando al stronato con la consigna “éramos felices y no lo sabíamos” (14). Así piensa Antolino, que con sus casi 90 años se gana la vida tratando de pescar los pocos peces que quedan en el río Paraguay. Desde la costa del pueblito de Chaco-i (Chaco chico en guraní), a 15 minutos en bote del Palacio presidencial de los López en pleno centro de Asunción, tira sus redes de trama chica (prohibidas legalmente) mientras vocifera contra la historia vivida de un país en “descomposición por los coloradetes”. Cuando su nieta Lydia, “la rubia” de 15 años, se encariña con alguna de las pocas turistas y las comienza a llamar “tía” o “mi segunda mamá”, no lo hace en sentido figurado: su futuro, en el mejor de los casos, es ser una “criadita” de la clase alta asunceña, o parte de la gran trata de personas que nutren los prostíbulos de Buenos Aires o Barcelona.

“Paraguay no ha sido nunca un país puritano, sobre todo en cuanto a la moral sexual masculina y a los cánones patriarcales aún vigentes –aclara la abogada y politóloga Line Bareiro–, y el comportamiento abusivo del poder no es extraño al país.” En una sociedad donde aproximadamente casi el 70% de los niños paraguayos no son reconocidos por su padre, el escándalo por las acusaciones contra Lugo de tener hijos no reconocidos, si bien condena la actuación del Presidente, no ha sido más que un argumento que azuzó nuevamente la derecha para el juicio político y que tuvo una amplificación desmesurada en los medios extranjeros. Aunque moralmente la imagen del “obispo” Lugo ya no sea la misma, política y socialmente “estos acontecimientos –aclara Bareiro– posicionaron nuevos temas en la agenda pública como la paternidad responsable y las sexualidades públicas”, conceptos hasta ahora vacíos de significante para gran parte de las mujeres paraguayas.

Uno de los logros recientes del gobierno fue que a partir de enero de este año se completó –con el libre acceso a los medicamentos, los análisis y los traslados en ambulancia–, el programa de gratuidad de todos los servicios de salud. “El sistema de salud básica –dice José Carlos Rodríguez–, que Argentina tiene resuelto quizás desde el siglo XIX, acá hasta ahora era una cuestión pendiente. El problema es que comenzar a hacer desde el Estado lo que antes se hacía como filantropía desde el partido dominante, le genera a varios mucho miedo, y a otros les saca los negociados y favoritismos.” Esperanza Martínez, ministra de Salud y una de las figuras mejor posicionadas en los sondeos de opinión del nuevo gabinete, aclara que “cuando casi un 20% de la población sobrevive con menos de un dólar por día, pagar una consulta o un medicamento era tener que elegir entre comer o curarse”.

El próximo 7 de noviembre se celebrarán elecciones municipales. “Muchos lo ven como un plebiscito del gobierno de Lugo, yo no lo veo así”, aclara el mismo Presidente, pero sin duda alguna será un importante punto de inflexión para evaluar lo que ocurrió en sus dos años de gestión: si fue realmente una apuesta a un cambio pronunciado o una combinatoria de factores coyunturales que enmascaran una persistente continuidad. Ese gran conglomerado heterogéneo de las “izquierdas” que lo apoya ya está intentando unificar listas y candidatos, pero gran parte de su éxito dependerá de poder sortear numerosos obstáculos, y de mantener esos factores anómalos a la historia paraguaya que son bajos niveles de corrupción, un buen contexto de profesionalismo, por lo menos en el poder ejecutivo, y un mínimo de equidad, credibilidad, gobernabilidad y soberanía. En ese sentido, a mediados de marzo, Lugo presentó el plan “Paraguay para todos y para todas, 2010-2020” que busca “sacar de la indigencia a un millón y medio de pobres extremos” (15).

“La Alianza Patriótica para el Cambio ha aprendido del error anterior de no haber tenido listas parlamentarias unificadas –dice Lugo–, pero serán por primera vez elecciones con un nuevo andamiaje en donde los que gobernaron por más de 60 años no van a tener a los ministros, a los médicos o a los maestros alineados y amenazados.” Por su parte, Esperanza Martínez evalúa que también dependerá “de la madurez de los liberales, que están pasando su propia perestroika”, para comprender que son parte del gobierno y despegarse de su tradicional rol opositor, mientras que el secretario de Cultura, Ticio Escobar, concuerda en que los liberales “tendrán que definir ese poder difuminado y cruzado que actualmente tienen (...), pero habrá que evitar esa habilidad y tendencia proteica del coloradismo de desdoblamiento y transformación en una oposición creíble”.

A Lugo le gusta definirse como de centro, como el poncho juruicha (el agujero del poncho en guaraní). Aunque quizás, con sus camisas angelicalmente blancas, más apropiado que esa metáfora de un vacío por llenar sea verlo como el blanco que completa la bandera paraguaya: una franja en equilibrio entre un rojo colorado y un azul liberal. ●

 

1 - De Bolsillo, Buenos Aires, 2008.

2 - Luis Alberto Moniz Bandeira, “La formación de los Estados en la cuenca del Plata”, Norma, Buenos Aires, 2006.

3 - Francisco Doratioto, “Maldita Guerra”, Emecé, Buenos Aires, 2004.

4 - En una carta a Bartolomé Mitre de 1872, Domingo Faustino Sarmiento llegó incluso a decir: “Estamos por dudar de que exista el Paraguay. Era preciso purgar la tierra de toda esa excrecencia humana: raza perdida de cuyo contagio hay que librarse”, El Nacional, Buenos Aires, 12-12-1877.

5 - Con 1.500.000 y 900.000 afiliados respectivamente, la ANR y el PLRA son dos de los partidos más grandes del mundo, aunque se trata más bien de estructuras socio-históricas y de marcada filiación familiar que de agrupaciones ideológicas alrededor de un proyecto político definido. Véase Marcello Lachi, “Ciudadanía y Partidos Políticos”, Decidamos, Asunción, 2009.

6 - Entrevista con el autor, Asunción, 3-2-10.

7 - Hasta la “apertura democrática” de 1989 era una condición sine qua non estar afiliado al Partido Colorado para ocupar hasta el más mínimo puesto en el estamento público, desde coronel hasta maestro rural.

8 - Supuesto grupo reducido de campesinos y miembros del partido de izquierda Patria Libre, cuyos objetivos son poco claros, pero que actúa con un profesionalismo sorprendente en algunos de los departamentos más pobres de las zonas de expansión sojera, lindantes con Brasil, y en el departamento de San Pedro. Se lo ha relacionado con las FARC de Colombia, con el coloradismo duro y disidente de Lino Oviedo, e incluso, desde la derecha, con el mismo Lugo, ya que muchos de sus dirigentes fueron seminaristas. Véase Verónica Smink, “Paraguay: masivo operativo contrainsurgente”, www.bbc.co.uk

9 - En enero, tras la liberación de Zavala, fueron desplazados más de 450 efectivos de elite, entrenados por agentes colombianos, en el marco del operativo “Yaguareté” para dar apoyo a la policía en la captura del los miembros del EPP.

10 - En octubre de 2009 Ramón Evelio Jiménez, de la Organización de Lucha por la Tierra (OLT), fue condenado a dos años de prisión por la toma de tierras en el departamento de Caazapá, siendo el primer y único caso de este tipo en la democracia paraguaya: https://altermediaparaguay.blogia.com/temas/conamuri.php

11- El Chaco Boreal, el 60% del total del territorio nacional que se encuentra al oeste del río Paraguay, concentra solo el 4% de la población. Véase Milda Rivarola, “Política, población y territorio”, ponencia presentada en el seminario “Paraguay, territorios e historia”, Asunción, agosto de 2009.

12 - María Aparecida de Moraes Silvia y Beatriz Medeiros de Melo, “Soja: a expansão dos negócios”, y Silvio Caccia Bava, “Gigante pela própria natureza”, Le Monde diplomatique, edición Brasil, San Pablo, febrero de 2009.

13 - “El Cono sur desde 1930. Paraguay 1930-1990” en Leslie Bethell (ed.), Historia de América Latina, Tomo 15, Crítica, Barcelona, 2002.

14 - Myrian González Vera, “‘Fecha Feliz’ en Paraguay. Los festejos del 3 de noviembre, cumpleaños de Alfredo Stroessner”, en Elizabeth Jelin (comp.), Las Conmemoraciones: las disputas en las fechas “in-felices”, Siglo XXI, Buenos Aires, 2002.

15 - Página/12, Buenos Aires, 16-3-10.

 

* Este artículo contó con la colaboración en Paraguay de Dea Pompa Frizza

Material relacionado

Documentales de Dea Pompa Frizza

Visita al ex penal de presos políticos de Emboscada (Paraguay – Febrero 2010).

www.youtube.com/watch?v=Yz3lvnY1C84&feature=youtube_gdata

Los archivos del ministerio de Defensa (Paraguay – Febrero 2010).

Parte 1: www.youtube.com/watch?v=HfSbyaal7eQ&feature=related

Parte 2: www.youtube.com/watch?v=vzfYjYbTrvo&feature=related

Volver